Esto ya es una racha de mala suerte que empieza a ser "preocupante". Mi amiga Blanca dice que no piensa acompañarme a un concierto hasta que esto no escampe.
Me explico. El mismo sábado que iba a estrenar mi abono para el Palau de les Arts se hunde la plataforma escénica (menos mal que a última hora cancelé mi viaje). En mi siguiente cita musical Ben Heppner nos dice que tiene el corazón roto ("My heart's broken" decía él) cuando lo que se le rompió fue la voz con cancelación post-descanso incluida. Le sigue un Mesías con Furio Zanasi cantando su parte para el cuello de la camisa, más ronco que el teniente Colombo después de una noche loca. Y en la última, mi estreno en el Palau de les Arts, el que se indispone es Maazel con una lesión de espalda, que es sustituido en las funciones de don Giovanni por Kynan Johns hasta el próximo 26. Esta joven batuta pasó por el concurso de dirección que organizaba Maazel y patrocinaba Alberto Vilar (ex-mecenas y millonario encarcelado por el uso fraudulento de 5 millones de dólares de uno de sus socios).
Si esto no es una mala racha, ustedes dirán.
Tenía una curiosidad enorme por conocer el Palau y su sala de ópera, y la verdad impresionan el edificio y sus espacios. La sala tiene buena acústica y una gran capacidad, aunque hay decisiones de diseño que no puedo entender.
¿Cómo es posible que no se subtitule sobre el escenario, sino en el respaldo de la localidad que tengas delante? Eso puede estar bien en un patio de butacas, pero cuando desde tu localidad sólo se ve bien el escenario si te vuelcas sobre la barandilla de la platea lateral y la pantallita dichosa está debajo de ella... pues o sigues la escena o sigues el texto.
Tampoco entiendo que en una teatro de ópera de nueva construcción haya localidades sin visibilidad. Así, las segundas filas de platea están a más de medio metro de la primera, y sin ninguna posibilidad de adivinar lo que ocurre en escena salvo poniéndose de pie. Y todo esto sin "solución alternativa" como la videoproyección que por ejemplo ofrece el Teatro Real de Madrid.
En fin, el disseny por el disseny...
Dicen las crónicas que el Director de Escena Jonathan Miller se pasó el ensayo general jurando en hebreo y que lo abandonó indignado; también que se pasó el estreno con la cabeza entre las manos. Tenía motivos de preocupación por la pérdida del escenario ideado para la función en el foso hundido. En su lugar se ha habilitado un fondo negro en un espacio ganado al foso, donde se recortan puertas y ventanas que permiten las entradas y salidas de los personajes. Pocos elementos más; apenas unos bancos, unos candelabros para situarnos en el salón de baile de la casa de don Giovanni y unas mesas para la cena de la escena final. Nada que objetar al resultado, teniendo en cuenta los escasos medios. No entendí ni me gustó es que el viaje de don Giovanni al inframundo fuera de la mano de unas doncellas fantasmales que lo arrastran fuera del escenario. Supongo que el ateismo militante de Miller le impedía usar imágenes demoniacas o referencias a la condenación del alma del "dissoluto punito". Tampoco se entiende la manía de no respetar el texto como cuando estando don Giovanni con doña Elvira el libreto dice que entran los campesinos y en escena no aparece nadie, y sin más compañía en escena el libertino dice:
"Zitto, zitto, che la gente
Si raduna a noi d'intorno;"
(¡Callad, callad, que la gente
ya empieza a reunirse en torno!)
En lo musical fue una velada para disfrutar. Mozart es un bálsamo para la voz, lo dicen los cantantes, y lo es también para quien lo escucha.
Da gusto escuchar a la Orquestra de la Comunitat Valenciana, un lujo que cuenta entre sus filas a músicos de carrera solista como el clarinetista Joan Enric Lluna.
El público empezó un poco frío, hasta que el tenor Francesco Meli (don Ottavio) arrancó la primera ovación. Estuvo especialmente bien su "Dalla sua Pace" que fue de lo más ovacionado de la noche, aunque su voz acusó cierto cansancio hacia el final de la representación.
Bien Barbara Frittoli en su Donna Elvira, nos abrió el apetito para el recital de Madrid en febrero. Donna Anna fue una revelación para aquellos que no la conocíamos, y cosechó una fuerte ovación al final. Muy bien el uruguayo Erwin Schrott al que puestos a poner pegas quizá se le podría haber exigido menor histrionismo y mayor variedad drámática. El Leporello de Alexander Vinogradov quizá se vio perjudicado por la visión seria de Miller, sin ningún guiño al lado giocoso del libreto de Da Ponte.
La noche se pasó sin que decayera la tensión musical y dramática, con momentos sobresalientes y disfrutando a más no poder. A Maazel ya le veremos en otra ocasión.
Otras opiniones:
El Pais
La Razón
Blog: La Zerlinetta
En CD:
La versión de Giulini sigue siendo una referencia y uno de esos discos que no puede faltar en tu discoteca.
En DVD:
El sonido es mono, la grabación antigua, pero no deje que eso le eche atrás para acercarse a la que para muchos es una de las mejores óperas filmadas.