Sir John entró a la sala del Auditorio Nacional con su chaqueta oriental, de forro pistacho asomando por sus mangas, y a su gesto cambió todo. Ya no importaron las tardanzas del público en incorporarse a sus butacas (que se notaba que era el que no tenía costumbre o no lo pagaba), ni las toses preparatorias (esas que se reservan para cuando el director hace su primer gesto de ataque, o para los pianísimos).

Habrá quien diga que este repertorio le gusta con más madera, con un sonido de orquesta más lleno... Yo me quedo con esta Orquesta Revolucionaria y Romántica. Todo sonó transparente, claro, fresco. ¡Qué vientos! ¡Qué metales! Largas, muy largas ovaciones para ellas y ellos.

Si la obertura de Oberón empezó con dudas, un poco "sucia", todo fue rodado después. Una Sinfonía Escocesa de Mendelssohn llena de brío y detalles finos.

Después del descanso se repitieron los esfuerzos de los ujieres para que el público se reincorporara a su localidad (sobre todo ese que no paga, sí). Y después el milagro: un "Sueño de una Noche de Verano" que fue un puro gozo de principio a fin. El encanto de las voces de las solistas (procedentes del Monteverdi Choir) hizo olvidar que no fueran perfectas. Aparecieron repartidas por el Auditorio, vestidas como ninfas regalándonos una inolvidable canción de las Hadas. Justo a mi lado cantó una de ellas y fue una experiencia... Hasta Gardiner se animó a recitar parte del texto y ser quien prestara su voz a Teseo.

¡Qué pena!, el sueño termina, y todos a la calle... Lucha por un taxi para volver a casa, y al ver que me "roban" el que iba a ser mío, alguien detrás de mi me dice: "No vale la pena disgustarse. ¡Todo sea por el Sueño de una Noche de Verano!"

Philomel, with melody,

Sing in our sweet melody.

Lulla, lulla, lullaby