"Que hermoso concierto... seguro que viene alguien y lo jode". Y así ocurrió, en pleno final de la "Muerte de Cleopatra" de Berlioz, cuando el sonido de la orquesta desaparecía en un hilo y la voz de la Antonacci era un susurro de despedida de la vida, tuvo que sonar un teléfono móvil en la platea del Teatro Real. ¡Increíble!
Ni siquiera eso fue capaz de deslucir el concierto, aunque arruinara el climax final de una pieza donde se desata y libera la tensión de forma continua para finalizar en unos compases de lirismo sobrecogedor.
¡Qué voz! Perfecta articulación, dicción intachable, color de mezzo que no pierde ni en lo más agudo de su amplio registro, notas graves con presencia y una teatralidad y capacidad dramática superiores.
Una mezzo con voz y con las ideas claras .
Nos hizo disfrutar y levantarnos de los asientos con su Mozart de propina ("Poveri Fiori") en el segundo concierto del ciclo de Grandes Voces del Teatro Real.
En los pasillos se comentaba la gran diferencia entre este recital y el escuchado hace unos días a una Bayo que según algunas críticas aburrió hasta a los seguidores de la navarra.
Estoy deseando volver a ver en DVD su Casandra en "Los Troyanos" de Berlioz con Gardiner y su "Rodelinda" con Christie en Glyndebourne.
Anoche escuchamos una voz, y eso no pasa todos los días.
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