Rolando Villazón en el Teatro Real. Una voz irregular
Parece que necesitamos mitos, divos o estrellas, que nos sirvan de referencia para saber lo que es bueno, o para distinguir lo excelso de lo corriente. Pero lo mejor se distingue de lo bueno por sus cualidades y no porque nos digan que lo es.
En esas están las discográficas, en convencernos de que sus estrellas lo son, sin importar la trayectoria o las cualidades objetivas. Eso tiene un precio, no sólo para el público (que sufre esta situación), sino sobre todo para los artistas que se convierten en objetos de usar y tirar, obligados a seguir una carrera que no vaya al ritmo que permite la longevidad artística.
Todo esto, que son lugares comunes y verdades de perogrullo, me venía a la mente viendo a Rolando Villazón anoche.
No fue un mal recital, pero tampoco lo que se espera de una figura de primera línea en un ciclo llamado de "Grandes Voces".
Villazón cambió el programa sobre la marcha; le habían dicho que el público esperaba oír ópera y él estaba ahí para "darle gusto". Decir eso y que cantaría hasta que el público se cansase o su voz no diera más es un órdago demasiado grande si no eres capaz de cubrir la apuesta.
Derrochó simpatía y ganas de agradar.
Problemas de emisión (voz engolada, emisión brusca), de afinación (qué final el de Ouvre tes yeux bleus, de Massenet!!) y de fiato no parecen confirmar que estemos ante alguien en la cumbre (como nos pretenden hacer creer), sino ante alguien joven y que con permiso de representantes, teatros y discográficas, aún debe terminar de hacerse.
Es indudable su capacidad dramática y su pasión en escena, pero eso se debe acompañar de matización en el canto que anoche echamos de menos, al menos algunos de los que allí estuvimos.
Esperemos que con el cambio de EMI por Universal no pierda el paso y siga corrigiendo y estudiando.
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P.S. Si no fuera porque lo vi en animada conversación con Antonio Moral riéndose a mandíbula batiente cuando abandonaba el patio de butacas, diría que mi crítico "preferido" no estuvo allí.
Nos dice en su crítica:
La recepción no fue cálida, pero para sorpresa o desconcierto de todos, Villazón y su simpático pianista cubano comenzaron con un aria de I Lombardi alla prima crocciata, de Verdi. Algo les debió llegar a los artistas del descontento previo, que Villazón, con su singular acento mexicano, se dirigió al público, dijo que estaba encantado con estar allí y que había oído que lo que más les gustaba era la ópera. "Pues, para eso estamos. Voy a hacer la primera parte del programa tal como está y la segunda les canto ópera hasta que las fuerzas me den". En unas frases había dado la vuelta a la situación. Y, en efecto, se escuchó cantar Richard Strauss a lo Giuseppe Verdi, y se alcanzó el clímax de la primera parte en, imagínense, Del cabello más sutil, de Fernando Obradors. Ver para creer.
Vamos a ver Vela, ¿qué Strauss escuchaste si no hubo ninguno? Los ladridos del perro lazarillo al principio de la función confundieron tus sentidos.



RICARDO ESQUIVEL dijo
Me parece que ésta no es ni por mucho menos, una crítica objetiva del tenor mexicano, y si muy lamentable que aun la excelsa cumbre a la que arribó el viejo continente en materia cultural, no sea suficiente para asimilar que, primero, en el franco proceso de decadencia en todas las esferas de civilización que sufren por falta de valores éticos. Segundo, por ese racismo que corre como un cancer en sus sociedades y que les impide ver el surgimiento de america latina como promesa del futuro cultural. Y tercero, no reconocen ver que en nuestros días, viven sus secuelas de las dictaduras y estériles guerras mundiales que han provocado, y, por ello su futuro es día a día mas incierto.
20 Junio 2006 | 05:43 PM