Leticia Moreno (la violinista anteriormente conocida como Leticia Muñoz) está triste. No hay entrevista en radio o prensa escrita en la que no nos haga partícipes de su lamento. Me sorprendió incluso verlo en el apéndice "cultural" del Telediario de TVE1 el sábado pasado.

¿Qué le pasa? Ha disfrutado durante unos años de un Guarnieri cedido por la Stradivari Society of Chicago pero va llegando la hora de que lo devuelva. Esta sociedad cede generosamente maravillosos Guarnieri o Stradivarius a artistas internacionales, y tiene en su nómina de beneficiarios a Vadim Repim, Ilya Gringolts o Janine Jansen. En su programa de apoyo a jóvenes valores los instrumentos se ceden por un periodo limitado de tiempo. Ese tiempo ha vencido para Leticia.

Podemos entender su pena, y lamentar que una artista tan prometedora tenga que desprenderse de su "voz". Pero, ¿no sería injusto negar una oportunidad como la que ella ha disfrutado a otros?